quinta-feira, 14 de junho de 2012

La Biblioteca de Babel- Jorge Luis Borges

       El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales.  
      Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
      Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable.       
      Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
      A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
      El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar
estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
      El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
      Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
      Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
      Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
      También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos...   
      Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames.  
      Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
      A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
      Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito...      
      En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.
      Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
      La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población.
      Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la
Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
      Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

Fonte: http://www.fenomec.unam.mx/pablo/probabilidad/babel.pdf

Obstáculos para o ensino superior

11 de Junho de 2012

Carlos Henrique de Brito Cruz *


       O presidente da Capes, Jorge Guimarães, comentou aqui ("O ensino superior no País está crescendo", de 28 de fevereiro) uma análise minha sobre a mudança de tendência na evolução da educação superior no País, a partir de 2005. Com dados anuais do Instituto Nacional de Estudos e Pesquisas Educacionais (Inep), observei notável redução na taxa de crescimento do número de concluintes após 2005. Guimarães levanta a importância de considerar os concluintes em cursos de ensino a distância (EAD), além dos de cursos tradicionais.
       Bom ponto. Parece-me mais correto, entretanto, considerar o ensino a distância separadamente - pelo fato de ele ser diferente da modalidade presencial. Diferente não é melhor nem pior, significa que atende a uma clientela diferente, com objetivos diferentes. Entre os cursos a distância, há poucos de engenharia e medicina. Nem o Ministério da Educação computa concluintes de EAD junto com os presenciais (o Inep apresenta em tabelas de seções diferentes).Os cursos presenciais demandam infraestrutura predial e laboratorial, investimentos em professores e permanência de estudantes. A adição dos concluintes em EAD, no entanto, não muda a reversão na taxa decrescimento. De 1995 a 2005, o número de concluintes em universidades públicas cresceu 8,3% ao ano. De 2005 a 2010, a variação foi de -0,4% ao ano (-2,2% sem os concluintes de EAD). Houve menos concluintes em 2010, comparado com 2005, mesmo com o EAD.
      O crescimento no ensino privado também perdeu força; no total, juntas entidades públicas e privadas, a taxa de crescimento até 2005 era de 10,9% ao ano e caiu para 6,3% ao ano de 2005 a 2010.Quanto à baixíssima probabilidade (0,7%) de um jovem paulista com ensino médio completo poder cursar uma boa universidade federal em São Paulo, Guimarães menciona realizações importantes, mas ainda insuficientes, como a criação da UFABC. A resposta do MEC ao apontar para as vagas do sistema unificado federalfora de São Paulo basicamente diz aos jovens paulistas: "Vão embora de São Paulo para estudar em outros estados".Ela não satisfaz, dada a dimensão da colaboração do contribuinte paulista com a arrecadação federal. O fato é que o número de concluintes nas universidades federais no estado de SP em 2010 representou apenas 13% dos concluintes nas estaduais paulistas em 2010.
      Na pós-graduação, persiste a queda de crescimento anual. O Plano Nacional de Pós-Graduação da Capes, de 2005, previa em 2010 a titulação de 16.295 doutores. O resultado foi 11,3 mil, 31% abaixo da meta. Por que tudo isso aconteceu? Que políticas precisam ser revisadas para recuperar a taxa de crescimento necessária ao 
desenvolvimento do Brasil?
      Para que o ensino superior se desenvolva em quantidade e qualidade, é essencial aumentar a frequência ao ensinomédio no País, assim como a sua qualidade. Não adianta tapar o sol com a peneira: sem consertar o ensinomédio, o ensino superior - presencial e a distância, público e privado, de graduação e de pós-graduação- enfrentará dificuldades crescentes.
* Carlos Henrique de Brito Cruz é diretor científico da Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (Fapesp)
e foi reitor da Unicamp.
Fonte: Folha de São Paulo

Bibliotecários no Brasil- Quantos somos?


http://bsf.org.br/wp-content/uploads/2012/05/CFB.png
Fonte: Bibliotecários sem Fronteiras

Bibliotecário e suas várias denominações


Descrição

2612 :: Profissionais da informação

Títulos
2612-05 - Bibliotecário
Biblioteconomista, Bibliógrafo, Cientista de informação, Consultor de informação, Especialista de informação, Gerente de informação, Gestor de informação
2612-10 - Documentalista
Analista de documentação, Especialista de documentação, Gerente de documentação, Supervisor de controle de processos documentais, Supervisor de controle documental, Técnico de documentação, Técnico em suporte de documentação
2612-15 - Analista de Informações (pesquisador de informações de rede)
Pesquisador de informações de rede


Descrição Sumária
Disponibilizam informação em qualquer suporte; gerenciam unidades como bibliotecas, centros de documentação, centros de informação e correlatos, além de redes e sistemas de informação. Tratam tecnicamente e desenvolvem recursos informacionais; disseminam informação com o objetivo de facilitar o acesso e geração do conhecimento; desenvolvem estudos e pesquisas; realizam difusão cultural; desenvolvem ações educativas. Podem prestar serviços de assessoria e consultoria.



Famílias afins
3711 - Técnicos em biblioteconomia










http://www.mtecbo.gov.br/cbosite/pages/pesquisas/BuscaPorTituloResultado.jsf

Lista dos Cursos de Biblioteconomia do Brasil (46)

Até o momento, no Brasil, são contabilizados 46 cursos superiores de Biblioteconomia e congêneres (aqueles que encerram em seus currículos os conhecimentos da Biblioteconomia) em Biblioteconomia, Documentação, Ciência da Informação ou Gestão de Unidades de Informação/Gestão da Informação, que são oferecidos em 21 Estados mais o Distrito Federal. Os Estados de Acre, Amapá, Rondônia, Roraima e Tocantins não possuem nenhum curso relativo à Biblioteconomia e congêneres.

Alagoas (1)

Maceió:

Amazonas (1)

Manaus:

Bahia (1)

Salvador

Ceará (2)

Fortaleza:
Juazeiro do Norte:

Distrito Federal (1)

Brasília:

Espírito Santo (1)

Vitória:

Goiás (1)

Goiânia:

Maranhão (1)

São Luís:

Mato Grosso (1)

Cuiabá:

Mato Grosso do Sul (1)

Campo Grande:

Minas Gerais (4)

Belo Horizonte:
Formiga:
Ubá:
Três Corações:

Pará (1)

Belém:

Paraíba (1)

João Pessoa:

Paraná (2)

Londrina:
Curitiba:

Pernambuco (1)

Recife:

Piauí (1)

Teresina:

Rio de Janeiro (4)

Rio de Janeiro:
Niterói:
  • Universidade Federal Fluminense (UFF) - Instituto de Artes e Comunicação Social - Departamento de Ciência da Informação - Curso de Biblioteconomia e Documentação. (desde 1963)

Rio Grande do Norte (1)

Natal:

Rio Grande so Sul (2)

Rio Grande
Porto Alegre

Santa Catarina (2)

Florianópolis:

São Paulo (15)

São Paulo:
Lorena:
Santo André:
Campinas:
Marília:
São Carlos:

Sergipe (2)

Fonte: http://pt.wikipedia.org/wiki/Anexo:Lista_de_escolas_de_biblioteconomia 
e http://www.biblioteconomiainteligente.com.br/telaCursosBiblioteconomia.php

Lista dos Cursos de Biblioteconomia da América (27) (Exceto Brasil).

Segue a lista das Escolas de Biblioteconomia, excetuando-se as do Brasil, as quais totalizam 27.
No Brasil temos 46 cursos de Biblioteconomia e congêneres. Portanto, 63,01% dos Cursos de Biblioteconomia da América estão localizados no Brasil.
Fonte: Pesquisa realizada por Marielle de Moraes (2012) -em andamento.

Bolívia
1) Universidad Mayor de San Andres (UMSA)- Licenciatura en Bibliotecología y Ciencias de la Información.


Chile
1) Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación (UPA)- Carrera de Bibliotecología;
2) Universidad Tecnológica Metropolitana del Estado de Chile (UTEM)- Escuela de Bibliotecología.

Colômbia
1) Pontificia Universidad Javeriana (JAVERIANA)- Profesional en Ciencia de la Información- Bibliotecólogo.
2)Universidad de Antioquia (UDEA)- Escuela Interamericana de Bibliotecología;
3) Universidad del Quindó- Curso de Ciencia de la Información y la Documentación, Bibliotecología y Archivística;
4) Universidad de la Salle- Sistemas de Información y Documentación- Título profesional- Profesional en Sistemas de Información, Bibliotecología y Archivística.

Cuba
1) Universidad de La Habana (UH)- Departamento de Bibliotecología y Ciencias de la información;

Costa Rica
1) Universidad de Costa Rica- UCR- Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información (Este curso afirma que é pautado na transdisciplinaridade e é dividido em Bacharelado em Bibliotecología ou Licenciatura en Bibliotecología);
2) Universidad Nacional (Una)- Escuela de Bibliotecología, Documentación e Información. Possui duas ênfases: Bibliotecología pedagógica y Bibliotecología y Documentación;

El Salvador
1) Universidad Panamericana de El Salvador (UPAN)- Licenciatura en Bibliotecología.

Equador

1) Universidad de Guayaquil (UG)- Escuela de Bibliotecología y Archivología.

México
1) Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA);
2) Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH);
3) Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM);
4) Universidad Autónoma de Nuevo Léon (UANL);
5) Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP);
6) Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Panamá
1) Universidad de panamá- Escuela de Bibliotecología y Archivología.

Paraguai
1) Universidad Nacional de Asunción (UNA)- Escuela de Bibliotecología.

Guatemala
1) Universidad de San carlos de Guatemala- Escuela de Bibliotecología.

Jamaica
1) The University of the West Indies- Library and Information Studies.

Peru
1) Pontifícia Universidad Católica de Peru- Sección de Bibliotecología y Ciencia de La Información;
2) Universidad Nacional Mayor de San Marcos- Bibliotecología y Ciencias de la Información.

Venezuela
1) Universidad Central de Venezuela- Bibliotecología y Archivonomía;
2) Universidad del Zulia- Escuela de Bibliotecología y Archivología.

Uruguai
1) Escuela Universitária de Bibliotecología y Ciencias Afines.

Fonte: Pesquisa no site das Universidades de todos os países da América.
Autor: Marielle Barros de Moraes (2012).

quarta-feira, 13 de junho de 2012

Compartilhei do BiblioFilmes Festival


Bibliotecários fazem calendário com fotos inusitadas e doam lucros

Americanos mostram diversidade no calendário 'Homens das Estantes'.
Dinheiro arrecadado com a venda é doado para projeto LGBT.

Do G1, em São Paulo
'Modelo' de janeiro no calendário de bibliotecários (Foto: Divulgação/Men of the Stacks) 
 
'Modelo' de janeiro no calendário de bibliotecários
(Foto: Divulgação/Men of the Stacks)
Bibliotecários americanos lançaram neste mês um calendário de 2012 com fotos inusitadas para mostrar a diversidade da pequena porcentagem de homens na profissão e, de quebra, ajudar um projeto que ajuda jovens homossexuais a enfrentar os geralmente difíceis anos da adolescência.
O texto de introdução no site dos "Homens das Estantes" ("Men of the Stacks", em inglês), como é chamado o calendário, explica com humor o intuito do projeto. "Sabemos que a profissão de bibliotecário nos Estados Unidos é composta por aproximadamente 80% brancos e 72% mulheres; e sabemos que dezenas de milhares de bibliotecários devem passar nos 65 nos próximos cinco anos. Também sabemos que esses não somos nós."
Segundo o site, o dinheiro arrecadado com a venda de calendários será todo revestido para o projeto LGBT "It Gets Better", que ajuda jovens homossexuais, bissexuais ou transgêneros a superar os anos da adolescência.
Abaixo de cada uma das 12 fotos, o site dá uma descrição dos bibliotecários retratados e abre espaço para comentários - a maioria de mulheres, que parecem dar apoio total à iniciativa.

Fonte:
http://g1.globo.com/mundo/noticia/2011/09/bibliotecarios-fazem-calendario-com-fotos-inusitadas-e-doam-lucros.html


29/09/2011 18h32 - Atualizado em 29/09/2011 18h32

Profissão cresceu e apareceu: livros são coisas do passado

Blogs na área de Biblioteconomia e Ciência da Informação

Blogs na Área de Biblioteconomia e Ciência da Informação



Segue sugestões de alguns Blogs Interessantes na área de Biblioteconomia e Ciência da Informação



























Blog Bibliotecários 2.0


Blog  (desligue a TV e) vá ler um livro


Blog Na era da Informação


Blog Só para Bibliotecários


Blog da Audiodescrição 


Blog Bibliotecarios Anónimos


Blog Aldobarreto's Blog


Blog Bibliotecno


Blog Biblioteca da ECA

Blog da Rede Sirius: Cientistas da Informação

Livros e Afins

Blog Caçadores de biblioecas

Blog Jonathas Carvalho

Blog SuperDaHora

Blog BibliotecAtiva


Blog Livro e arte

Blog do Galeno

Blog Biblioteconomia e Patrimônio

Blog Bibliotecas escolares e web 2.0

Blog Libraries and Social Media - Bibliotecas y Social Media 

Blog UNIVERSIDICAS BLOG

Blog Bisbliotando

 Bolg InfoTecarios 



http://anawanessabbastos.blogspot.com.br/

Matérias/Artigos sobre Blogs da Biblioteconomia

BLOGS DA BIBLIOTECONOMIA: NOVO POTENCIAL PARA A ATUALIZAÇÃO PROFISSIONAL
http://www.ofaj.com.br/colunas_conteudo.php?cod=480

Blogroll dos Blogs de Biblioteconomia brasileiros
http://bsf.org.br/2010/09/28/blogroll-dos-blogs-de-biblioteconomia-brasileiros/


http://ufpa.br/biblio/02/index.php?option=com_content&view=article&id=55


Compartilhado do blog de Ana Wanessa Bastos
http://anawanessabbastos.blogspot.com.br/2011/10/blogs-na-area-de-biblioteconomia-e.html
 

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